Publicado en Fotorreportaje

REDMADRE: vestir la vida

Ropa de segunda mano en la Asociación REDMADRE Jaén | Álvaro Villagrán

ÁLVARO VILLAGRÁN

Una chica agarra un carrito de bebé. Tendrá unos 20 años nomás. Su pelo es largo, rubio y con mechas, y viste una camiseta sin mangas que deja a la vista el tatuaje de su brazo derecho. En el carro, donde debería haber un niño pequeño, descansan en su lugar un par de bolsas de plástico que dan la sensación de ir llenas, aunque no alcanzo a ver qué hay dentro. La chica le da indicaciones a una mujer mayor que ella, la cual entra y sale repetidamente de un pequeño cuarto. A su vuelta, va depositando en el interior de las bolsas las distintas cosas que la joven le pide: comida, ropa y otros enseres. La última petición, no llego a oír de qué se trata, no puede satisfacerla. Antes de irse con su carrito cargado, la chica le cuenta anécdotas de su bebé, que ha nacido hace poco. Después se marcha del local de REDMADRE Jaén, no sin antes despedirse cariñosamente de la señora que la ha estado atendiendo.

Nacida en el año 2007, la Fundación REDMADRE ofrece orientación y asistencia antes, durante y después del embarazo a mujeres en toda España. A fecha de septiembre de 2017, en su décimo aniversario, la Fundación había ayudado a más de 80.000 mujeres en nuestro país, según datos de El Confidencial Digital (últimas cifras conocidas). Parte importante de esa asistencia es la ropa, zapatos y enseres variados, todos ellos de segunda mano, que REDMADRE reparte a las personas que acuden a la organización en busca de ayuda.

La Fundación está presente, por medio de sus delegaciones, en cuarenta provincias de España. Aunque las directrices principales vienen marcadas desde Madrid y el contacto entre las diferentes delegaciones es continuo, cada una de ellas funciona con independencia. Así nos lo explica Ana María Charte, vicepresidenta de la Asociación REDMADRE Jaén. Venimos a preguntarle acerca de la recogida, clasificación y entrega de la vestimenta y artículos de segunda mano.

«Lo único que les pedimos a quienes nos hacen donaciones de este tipo es que se pregunten si eso que nos están entregando se lo pondrían a sus propios hijos«, comenta. La revisión del estado de prendas y utensilios, nos dice, no se puede llevar a cabo en el momento de su recogida por limitaciones de tiempo. De ahí esa indicación previa.

Ana María sostiene una cesta llena de zapatos usados | Álvaro Villagrán
Más zapatos de segunda mano | Álvaro Villagrán
Prendas de abrigo para ambos sexos | Álvaro Villagrán
Más ropa de abrigo | Álvaro Villagrán
Cestas con ropa de segunda mano variada | Álvaro Villagrán

Tal y como explica Ana María, la ropa de bebé se clasifica atendiendo a un etiquetado más específico que incluye el tipo de prenda (no solo la edad y la temporada, como la mayoría). Esto es así porque se trata de la ropa de «mayor abundancia y urgencia«, afirma. | Álvaro Villagrán

Calzoncillos para varias edades | Álvaro Villagrán

Antes, los juegos que repartía REDMADRE Jaén eran de segunda mano. Actualmente la Asociación los compra con el dinero de las donaciones o los recibe gratis de los grandes almacenes. | Álvaro Villagrán

La Cofradía de la Buena Muerte y la Fundación Caja Rural Jaén, a través de la iniciativa Rural Voluntariado, colaboran económicamente con la Asociación REDMADRE Jaén. Por eso estas placas cuelgan de las paredes de su local. En cuanto a la comida, el Banco de Alimentos es el principal proveedor.

Una vez llega la ropa usada, las trabajadoras voluntarias de REDMADRE Jaén (ocho en la actualidad) se ponen manos a la obra para clasificarla en base a dos criterios: edad y temporada. La que no pasa el corte es llevada al término de la jornada hasta los puntos de recogida de Cáritas Diocesana de Jaén.

En esta mesa se lleva a cabo la clasificación de la ropa | Álvaro Villagrán

La primera clasificación se realiza por edades, y estas se miden en meses de acuerdo al tallaje industrial: de uno a tres meses, de tres a seis, de seis a nueve, de nueve a doce, de doce a dieciocho, de dieciocho a veinticuatro y de veinticuatro a treinta y seis. | Imágenes de Álvaro Villagrán

Según Ana María, «la primera entrega de prendas y enseres tiene lugar a los siete meses de gestación, ya que a partir de entonces se considera que la mujer puede dar a luz en cualquier momento». Se trata de una ‘cesta’ estándar, equipada con lo mínimo necesario.

Hoja de normas | Álvaro Villagrán

Este documento está pegado, junto con otros impresos, en el cristal de la puerta que da acceso a la zona de trabajo. En él se detalla todo lo que debe incluir una primera entrega estándar. Por un lado, esa ‘cesta’ o ‘canastilla’, como la llama Ana María, comprende prendas para el bebé como bodys, pijamas, leotardos, calcetines, baberos, gorros, manoplas o bufandas, además de ropa de calle para invierno y verano. Por otro, artículos de higiene y otros como toallitas, pañales, chupete, biberones de agua y manzanilla, cremas, mochila de aseo, tijeras, termómetro, dos juegos de sábanas y otros tantos de toallas. Por último, la organización dispensa a las mujeres necesitadas una bañera, coche o carrito, cuna, calentador, esterilizador y mochila portabebés, todo de segunda mano.

«Algunas cosas, como tijeras o termómetros, solo se les entregan una vez, y no se les reponen salvo que se rompan», explica Ana María. El objetivo de esta política es «que aprendan a valorar» los utensilios que les otorga la Asociación. «A veces nos hemos encontrado tirados en la calle enseres que han salido de aquí, y eso no puede ser», se lamenta.

Aunque no todo funciona según esta premisa. Por ejemplo, la organización ofrece a las mujeres a las que ayuda nuevos pañales y toallitas cada 15 días, y permite renovar la ropa con el cambio de temporada. Eso sí: todo lo que ya no resulte útil debe ser devuelto a la Asociación para que pueda ser reutilizado y pueda ayudar, llegado el momento, a otras mujeres en situación de necesidad.

Dentro del local aún queda una chica más. Está sentada en la entrada. Tiene rasgos eslavos: pelo rubio, tez blanca y ojos azules. Conversa en un tono risueño con Isabel, una voluntaria. Al igual que la que se acaba de marchar, le cuenta historias sobre sus hijos, uno de ellos ya adolescente. Se le ve a gusto, como en su casa.

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