Publicado en Entrevista

ORWELL: ecología social

Juan Miguel, dueño de la Librería ORWELL | Álvaro Villagrán

ÁLVARO VILLAGRÁN

En Jaén sobran bares. Está claro, porque faltan librerías. Me hice esta reflexión mientras paseaba por las calles de mi ciudad, que es pequeña pero matona por sus cuestas. Quiero decir que no es el tipo de ciudad en la que el paseo resulte placentero. Andaba yo buscando aquella tarde un título conocido: Los enemigos del comercio, del maestro filósofo Antonio Escohotado. Después de mucho vagabundear y perdida ya toda esperanza, me topé de manera fortuita con una pequeña librería de cuya naturaleza supe inmediatamente gracias al apellido insigne que coronaba su entrada: ORWELL. Dentro, desgraciadamente, no encontré el libro que estaba buscando. Pero he de decir que no me importó porque, en su lugar, encontré todo lo demás.

Juan Miguel Maza Berlanga es el dueño de la Librería ORWELL y el protagonista de la entrevista que te presentamos aquí. Juan Miguel, de 44 años, es oriundo de Jaén y amante de los libros. De joven emigró a Málaga para estudiar Periodismo. Después de probar suerte en el mundo de la comunicación durante varios años, decidió que su sitio estaba -está- entre los libros y decidió montar su propia librería; como reza su eslogan, ‘la más pequeña de Jaén’. Y también la más rica.

P.- ¿De dónde proviene tu pasión por los libros?

R.- Pues, si te digo la verdad, no lo sé con certeza. Ni mi padre ni mi madre han sido nunca grandes apasionados de la lectura. En casa había libros, pero no muchísimos. Creo que es algo que ha ido siempre conmigo. Cuando descubrí la lectura, se me abrió un mundo maravilloso. Empecé con los cómics, luego me pasé a los libros de aventuras, los clásicos, y de ahí fui avanzando hacia literatura más seria.

P.- ¿Podrías rescatar un título especialmente valioso para ti durante la infancia?

R.- Varios. Por ejemplo, me gustó mucho Las minas del rey Salomón, de Henry Rider Haggard. También las obras de Julio Verne y la saga Óscar y su oca de Carmen Kurtz, una autora española muy interesante que ha caído en el olvido. Por supuesto, los cuentos de Hans Christian Andersen y los de Oscar Wilde ejercieron igualmente una enorme influencia en mí.

P.- ¿Te gusta escribir?

R.- Sí, pero a título personal y como algo íntimo. Estando en el instituto, gané un concurso de escritura que organizaba el Diario Jaén a nivel provincial. Más tarde, en la universidad, escribí una novela que aún guardo por ahí. Hice mis pinitos, pero luego la vida me llevó por otros derroteros.

P.- ¿Por qué Periodismo y no, por ejemplo, Filología Hispánica?

R.- Supongo que por desconocimiento. No tenía ninguna persona a mi alrededor que pudiera decirme qué era lo más cercano a mis gustos y, como había ganado aquel concurso y veía que muchos literatos eran periodistas, decidí decantarme por esa opción. Como cualquier adolescente, no tenía las cosas claras.

P.- ¿Te gustó la carrera?

R.- Me gustó mucho aprender. Soy un apasionado del aprendizaje. Gracias a la facultad, entré en contacto con grandes profesores: Antonio Jiménez Millán, que me enseñó muchísimo acerca de la literatura europea de vanguardia y que además es un magnífico poeta; Chantal Maillard, premio nacional de poesía y filósofa de primera línea a nivel europeo; y poetas como Jesús Aguado, quien me permitió acceder a tertulias que se estaban organizando por aquel entonces en Málaga, en las cuales intervenían personas muy interesantes. La carrera me ayudó también a consolidar muchos conocimientos lingüísticos. En fin, fue interesante. Aunque quizá hubiese sido más idóneo para mí estudiar Filología Hispánica. En cualquier caso, luego, por mi cuenta y de manera autodidacta, fui cubriendo algunas lagunas en materia de pragmática y de gramática, temas que no se trataban muy a fondo en la carrera.

P.- Como lector, ¿cómo compaginas la lectura de distintos géneros, por ejemplo, la ficción o el ensayo?

R.- Para mí, leer es como respirar. Por tanto, la lectura va en consonancia con mi estado de ánimo o mi nivel de energía. Intento abrirme cuanto puedo. Siempre sigo mi propio camino con respecto a los títulos que busco, pero luego me voy tropezando con libros. Una de las cosas buenas que tiene la librería es escuchar las recomendaciones de otros lectores.

Casi todos los días leo poesía, novela y cómic. Normalmente, los cómics los dejo para los momentos en los que estoy más cansado; los ensayos, para aquellos momentos en los que siento más paz o tranquilidad. Ahora mismo, por ejemplo, estoy leyendo La sociedad del cansancio, del filósofo Byung-Chul Han, que hace una reflexión muy interesante a propósito de cómo vivimos actualmente. También he descubierto a un poeta de los años cuarenta maravilloso, José Luis Hidalgo, y estoy leyendo su obra completa. Al mismo tiempo estoy con parte de la obra y biografía de Gabriele D’Annunzio. Recientemente he terminado una trilogía de cómics llamada Contrato con Dios, de Will Eisner, que recoge diversas historias sobre el Bronx en los años del Crack del 29.

P.- ¿Qué ocurre en el lapso de tiempo que va desde que acabas la carrera hasta que montas la librería?

R.- Al principio, trabajé brevemente en el Diario Jaén. He de decir que no fue una experiencia satisfactoria. Me parecía algo rutinario, incluso embrutecedor. Pensé que sería mejor dedicarme a otras cosas. Seguí leyendo y estudiando. Más tarde, trabajé en diversas áreas: me empleé en labores de comunicación en diferentes empresas, tuve trabajos de supervivencia, estuve en una editorial durante varios años, lo cual me permitió conocer cómo se crean los libros desde el punto de vista material… He cubierto un espectro muy amplio.

Durante mi infancia, los libros fueron muy importantes, pero también la naturaleza. Siempre me he sentido muy cercano a ella y a los animales (me encantan los perros). Por eso, en un momento determinado decidí dar el salto y mudarme de Jaén a la Sierra de Segura. Allí realicé trabajos relacionados con la naturaleza. Llegué a gestionar la comunicación de una empresa de turismo rural; ayudé en campañas de la Junta de Andalucía, por ejemplo, en la desincentivación de las bolsas de plástico; realicé también labores de guía a través de la montaña… Muchas cosas.

P.- ¿Por qué dices que el ejercicio periodístico puede llegar a ser embrutecedor?

R.- En los medios de comunicación existe una falta de independencia por parte del individuo periodista. Nuestra sociedad se agrupa en entidades económicas de bastante poderío que filtran la realidad a través de los medios de comunicación, los cuales controlan. Siempre tuve la sensación de que en el periódico, que es como una barra de pan en el sentido de que sale todos los días, había poco tiempo para la reflexión y para ofrecer un alimento de calidad a la gente, de manera que acababa siendo algo que registraba de forma superficial, imperfecta y tendenciosa la realidad.

Además, la labor periodística es, desde el punto de vista del oficio, harto extenuante. Tradicionalmente, aquellos escritores que han compaginado el periodismo a nivel profesional con la labor literaria han visto mermada esta segunda faceta. Es el caso, por ejemplo, del eminente Francisco Umbral, cuya obra Mortal y rosa, una de sus primeras, es de mis libros favoritos.

P.- ¿En qué momento y por qué decides poner en marcha la Librería ORWELL?

R.- Las empresas privadas para las que había trabajado no me habían permitido cubrir ese anhelo de ofrecer algo más a la sociedad. A raíz de un incidente interno que se produjo en una de ellas, decidí pararme a pensar qué quería hacer realmente. Con la ayuda de mi hermana, que me conoce desde muy pequeño, surgió la idea de montar la librería. Tuve que meditarlo mucho, puesto que no es un negocio lucrativo, precisamente. Pero me lié la manta a la cabeza en febrero del año pasado, y hasta hoy.

P.- En Jaén hay muy pocas librerías. Casi todo lo que se ve son papelerías-librerías donde la variedad es escasa. ¿Por qué?

Esta es una reflexión interesante que, en mi opinión, todos los lectores deberíamos hacernos. ORWELL es una librería independiente y trabajamos tanto el libro usado como el nuevo. Las ocasiones en las que nos decantamos por este último tienen que ver a menudo con la censura del período de la dictadura franquista, motivo por el cual algunas obras aparecían mutiladas o alteradas. Es cierto que durante épocas autoritarias en España tuvimos problemas con una dictadura que era explícita. Sin embargo, ahora existe una dictadura que está implícita: la dictadura del mercado. Al convertirse todo en negocio a unos niveles exacerbados, a veces lo que requiere complejidad, detenimiento o tiempo no tiene hueco en el mercado o aparece en cantidades tan ínfimas que no llega a las librerías. Eso hizo que algunas tuvieran que convertirse en librerías-papelerías; luego, en papelerías-librerías; y, por último, ha dado lugar a que haya personas dispensando libros que realmente no conocen lo que están vendiendo.

La decisión de montar la librería vino precisamente de ahí: como lector, sí que era algo genuino en mí, una labor que podía realizar de manera auténtica. Cuando recomiendo un libro, es porque lo conozco y me gusta. Claro que me puedo equivocar, pero tengo un criterio. Creo que eso es importante: especializarse. Y saber que, si regentas una librería, lo que vendes son libros. No conviene dispersarse, en busca de hacer viable el negocio, hacia ámbitos que no tienen nada que ver con la librería.

Una de las cosas que quería recuperar era la labor de la librería tradicional. Por eso la mía tiene las puertas abiertas. Quería que fuese un ateneo, un sitio donde el contacto con el lector fuese más cercano y existiese la posibilidad de intercambiar opiniones y aprender. Esa es una de las cuestiones que más feliz me hacen: estoy en una zona de colegios y, a pesar de que los profesores siempre se quejan de que los alumnos no quieren leer, aquí entran muchos estudiantes con ganas de aprender. Pero no forzados, sino de manera espontánea.

P.- ¿La lectura obligada es disuasoria?

R.- Sí. Decía Jorge Luis Borges que hay dos verbos que son incompatibles con el imperativo: amar y leer. A partir del placer o el gusto se ha de llegar al conocimiento, no al revés.

P.- ¿Cuáles son las principales características de una librería independiente frente a las librerías convencionales?

R.- Nosotros, como librería independiente, lo que intentamos hacer, puesto que el espacio del que disponemos es reducido, es darle prioridad a aquellas obras a las que el propio tiempo se la ha dado. Los buenos libros son como las buenas personas o los buenos vinos, que mejoran con el tiempo. Por ello, nuestra intención es hacer una selección pertinente con arreglo a la calidad de las obras, no con arreglo a la novedad o a la fama, que son los criterios de las librerías convencionales. En nuestra búsqueda constante de títulos interesantes, nuestra pretensión es que la gente nos perciba como algo verdadero. Ese es nuestro elemento diferencial.

P.- ¿Por qué elegiste ‘Orwell’ para el nombre de la librería?

R.- George Orwell fue un personaje combativo desde varios puntos de vista, también el literario. Lo elegí principalmente por dos motivos: en primer lugar, una admiración por obras como 1984 que creo que reflejan muy bien aspectos de nuestra sociedad actual; en segundo lugar, una anécdota de cuando le presté a mi hermana ese libro, algo que a ella le hizo mucha ilusión. Queremos que nuestra librería sea combativa intelectualmente, y no hay duda de que Orwell lo fue hasta el final de sus días.

P.- ¿Qué criterios aplicas a la hora de decidir traer libros nuevos a la librería?

Intentamos, por un lado, traer todo aquello que, entre la miríada de ejemplares que salen cada día, consideramos auténticamente interesante. Por otro lado, abrimos la puerta a ejemplares nuevos de editoriales que tratan con respeto a los libros, como la Fundación José Antonio de Castro, que reedita clásicos y obras menos conocidas poniéndolas al día y creando volúmenes dignos de ser guardados en estanterías durante dos o tres generaciones. Procuramos no olvidar que somos lectores y que tratamos con lectores.

P.- ¿La disrupción digital supone un peligro para el libro tradicional?

En mi opinión, el formato físico coexiste con el digital. De hecho, lo digital no ha hecho sino poner en valor el libro tradicional: todavía no han inventado nada a lo que le dure tanto la batería como a un libro. Lo digital es efímero, las versiones se quedan obsoletas al poco tiempo porque los ordenadores dejan de leer algunos formatos. A la larga, el libro digital es más caro porque no te quedas con nada. Por todo ello, el papel es insustituible y lo digital y lo físico no se amenazan mutuamente. Incluso desde un punto de vista científico, está demostrado que el cerebro no se comporta de igual forma frente al papel y la tinta que frente a una pantalla. El único problema real es que el papel irá subiendo de precio en tanto en cuanto haya menos personas que lo consuman.

P.- ¿Crees que existe una actitud coleccionista en quienes prefieren el formato físico?

Hay bibliófilos y bibliómanos. El bibliófilo no tiene por qué ser necesariamente bibliómano. El bibliómano adora el ejemplar y sí que tiene esa faceta de coleccionista. El papel es algo a lo que siempre se puede volver, mientras que lo digital está más enfocado al consumo y al olvido. El papel espera. Puedes empezar El Quijote y si, por lo que sea, te das cuenta de que no era el momento oportuno para leerlo, siempre lo vas a tener en tu estantería. El libro es un objeto, como algún otro que ha fabricado el hombre, imposible de mejorar. Es cierto que cada vez vivimos en lugares más pequeños y se hace más difícil almacenarlos, y precisamente por eso adquiere valor la librería de segunda mano: permite la reutilización de aquellos volúmenes que en un momento dado sus dueños ya no pueden guardar.

P.- ¿Tienes una biblioteca personal?

R.- Solía tener una muy grande, pero puse el 90% a la venta cuando monté la librería. Así que mi biblioteca vuelve a crecer a partir de una pequeña selección. Digamos que ahora tengo una gran librería.

P.- ¿Prefieres la segunda mano? ¿Por qué?

R.- Sí. Principalmente, por dos motivos: el tiempo le permite al librero de segunda mano llenar sus anaqueles de grandes libros, puesto que filtra la calidad; asimismo, da la posibilidad de escoger ejemplares que se construyeron con un cuidado que hoy en día ya no se practica, ejemplares con bagaje que han atravesado el tiempo como un navío y han llegado a nuestros días con solera y en buen estado. Libros, en definitiva, que han pasado la prueba del tiempo, tanto desde el punto de vista de la calidad como de la conservación.

P.- ¿Y desde el punto de vista del precio?

R.- La segunda mano sirve para democratizar la cultura. En nuestra librería hay libros económicos, tanto nuevos como usados, y también libros caros. Le damos a cualquiera la posibilidad de llevarse un libro curioso y de calidad, al tiempo que el coleccionista puede encontrar un tesoro.

P.- ¿Qué opinión te merecen la reutilización y la segunda mano en general?

R.- Desde los 14 o 15 años, fui simpatizante de grupos ecologistas e incluso activista en diferentes organizaciones como Ecologistas en acción o Peña del Águila. Nos manifestábamos contra el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Reutilizar está por tanto, en cierto sentido, en mi ADN. Creo que a veces no respetamos el trabajo de las personas que han fabricado un objeto.

Además de esta, también existe una ecología social: reutilizar permite que las desigualdades entre las diferentes capas de la sociedad disminuyan. Por esta razón, en la librería tenemos bastante material sobre anarquismo; creemos que la sociedad se puede cambiar a partir de cada individuo, que las transformaciones pueden venir de abajo arriba, realizando bien nuestras tareas cotidianas y aplicando nuestro trabajo con generosidad a las personas que nos rodean.

P.- ¿Cuántos volúmenes tienes en tu librería?

R.- 12.000 ejemplares, más o menos.

P.- ¿Cuál es tu escritor favorito?

R.- Juan Ramón Jiménez.

P.- ¿Cuál es tu filósofo favorito?

R.- Max Stirner.

¿Te ha resultado interesante la entrevista? Y tú: ¿Eres más de formato físico o digital? Déjanos tu respuesta en los comentarios.

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